Las fiestas patronales, ¿Santas o mundanas?

En el breve lapso de tiempo en el que me identifiqué como evangélico, vivía en la ciudad de León y veía con horror la escandalosa procesión que se hace en honor al traductor de la Biblia y principal figura del canon, San Jerónimo. Siendo su fiesta una especie de carnaval santificado en donde se mezcla alcohol, bailes, travestismo, alboroto y atrás la imagen de aquel célebre doctor de la Iglesia.
Sin embargo ese culto pagano se queda corto con el otorgado en Masaya al mismo santo, en donde el fetichismo es más que evidente alejándose por completo de lo que ese hombre significó para el cristianismo.
Ahora que he abrazado con fuerzas nuestra fe Católica me he preguntado:

¿Por qué la Iglesia celebra esas acciones que no tienen nada que ver con la fe?

Porque siendo sinceros y a dispensas de muchos Masaya, Leoneses o Managuas, las celebraciones de las fiestas patronales en honor a Santo Domingo de Guzmán y San Jerónimo tienen de todo menos cristianas, no se promueve una devoción sana a Dios o sus santos, sino es una mera celebración del alcohol y los excesos.

Como explicábamos en una publicación anterior (da clic aquí si quieres leerla) las fiestas patronales tienen como fin el estudio y meditación en la vida de aquel hombre o mujer de fe que la Iglesia nos presenta como patrón (de molde, para imitar) sin embargo, y siendo muy autocríticos, las fiestas patronales quedan a años luz de ser ese modelo de santificación, convirtiéndose en una oportunidad de celebrar los excesos a dispensas de aquel santo local.

Algunos me dirán que eso no lo promueve la Iglesia. Lamento decir con propiedad que están muy equivocados, he conocido parroquias que hasta dentro de sus salones improvisan discotecas a puerta cerrada y realizan eventos fuera de tono con venta de cervezas y juegos, que, aunque sean para recaudar fondos, definitivamente no es la forma.

Lamento decir, en muchas parroquias las fiestas patronales alejan más al pueblo 
de Dios de lo que atraen.

Y no quiero pecar de ser más papista que el Papa, porque la misma Biblia dice que 'No quiero decir que se aparten por completo de los deshonestos de este mundo [...] de ser así, tendrían que abandonar este mundo. (1 Corintios 5:10)" pero caramba, la Iglesia tiene que ser luz en este mundo de oscuridad, debe de ser diferente y no contagiarse de las malas prácticas.

Como dice la misma palabra: “Por lo tanto, hermanos, no somos hijos de una esclava, sino de la mujer libre. Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud." (Gálatas 4:31) (Gálatas 5:1)

Sin embargo en honor a la verdad, en nuestros pueblos la “tradición popular” es más poderosa que la enseñanza de nuestra Madre.

El caso de Santo Domingo de Guzmán.

En Managua hace unas semanas se celebró ese bochornoso evento al que llaman “Santo Domingo de Guzmán”, si muchos no conocen la historia, hubo un hombre que demostró lo que dije antes sobre el poder de la “tradición popular”.

Me refiero a Lisímaco Chávez Cerda, quien falleció en enero del 2006. En 1961 ante la negativa del Arzobispado de Managua de autorizar las tradicionales fiestas patronales en honor a Santo Domingo de Guzmán, por las razones que ya he explicado en este post, Lisímaco se robó la pequeña imagen del santo a fin de realizar todo el ritual de la fiesta, motivo por el cual fue encarcelado y posteriormente excomulgado.

Sucede que existía un buen sacerdote jesuita llamado Ignacio Pinedo quien siempre consideró como actos paganos todos los eventos que conformaban las fiestas patronales y aparentemente él solicitó al arzobispo que se cancelaran esas festividades, y como ya ven, al acceder la Iglesia ante la idea de Pinedo, el pueblo ávido por el licor y todo lo que se hace en esa fiesta pagana, representado por Lisímaco se robaron la imagen y hasta la fecha se celebra esa fiesta, siendo este señor considerado un héroe tanto por el pueblo como por entidades estatales.

El caso de San Jerónimo en Masaya es digno de mención, festivales satíricos, culto a la oscuridad en la llamada noches de los ahuizotes, alcohol por todos lados, fiestas populares y muchos excesos y todo en presencia de la imagen del Doctor de la Iglesia y traductor de la Biblia.

Y no, no estoy en contra de las actividades culturales, pero es mejor separar lo que concierne a nuestras tradiciones como país y lo que es Iglesia.

El día de la Biblia en lugar del festival de San Jerónimo.

Cuando entré a la Iglesia conocí a un buen sacerdote, el Padre Eduardo Carrillo, una especie de Padre Pinedo moderno. En chichigalpa, otrora parroquia de Carrillo, se celebraba una replica en pequeño de lo que era San Jerónimo en Masaya.

Cuando llegó Carrillo a Chichigalpa inmediatamente canceló esa fiesta, ganándose el rechazo de muchos muy apegados al bullicio y la burla de nuestros símbolos sagrados, en su lugar consagró todo septiembre al estudio de la Biblia, haciendo talleres de lectura de la palabra de Dios, escuelas bíblicas (en las que participé muy contento en aquellos primeros años) competencias bíblicas y para cerrar el mero 30 de Septiembre una hermosa procesión con carrozas alusivas a cada libro (o sección de libros) de la Biblia, con la bella imagen de San Jerónimo que, estoy muy seguro, observaba desde el cielo con gran felicidad.

A pesar de ello un grupo de “feligreses de San Jerónimo” hicieron su típica procesión con una réplica de su imagen. Dicho evento perdió popularidad y a la fecha es solo una cita del pasado triunfando la hermosa tradición de festejar a San jerónimo con la Biblia que él tradujo.
 
Hermanos que me leen, sírvase este ejemplo como una pauta, se puede regresar lo sagrado a nuestras fiestas, se puede vivir la tradición de nuestra Iglesia con entusiasmo, las fiestas patronales pueden ser nuevamente lo que se pensó desde hace muchos siglos que se instauraron.

Yo sé que se puede.

Y vos, ¿qué pensás?

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Paz y bien.

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